Traducciones Directas

Desde el primer número de la revista, nos hemos preocupado por ofrecer traducciones de autores como Lawrence, Yeats, Antonia Pozzi, Quasimodo, e. e. cummings, Amelia Rosselli, etc. En ocasiones, esas versiones se escuchaban por primera vez en nuestro idioma, como pasa en todas las que presentamos, con Montserrat Mira ya coordinando el rubro de Campos de traducción.

Nuestros lectores hallarán algunos poemas de Insomnia (Dernier Télégramme, 2014), libro de Stéphane Chaumet, que es un artista atento a la avenencia de las lenguas, a tal grado que ha atendido y revisado nuestras traducciones, cuantas veces fuera necesario. Al mismo tiempo, presentamos otros poemas de visión tanática, pero con hondo compromiso humano, como “Cifras” de Sion Sono —director de filmes que, en el ámbito internacional, han sido conocidos bajo nombres como Suicide Club (自殺サークル) o Love exposure (愛のむきだし)— traducido por Pamela Gómez.

Luego del desastre que ofuscó a Japón en 2011 (y que devino en el percance de la planta nuclear Fukushima I), el reclamo por «contarlo todo» (“¿cuántos pétalos de cerezo habían abierto?… ¿cuántos niños había en esa primaria?”) corresponde a la necesidad de transparencia gubernamental respecto al grado de desastre, potenciado por el ninguneo sobre los afectados, que afectó al país en marzo de aquel año[1]. Que el lector calibre su importancia en estas fechas de fusta y encierro.

Pero a un lado de todo ello, otro escritor con amplia influencia cultural ha sido recogido en la edición presente por Marco Antonio Reyes: Jacques Prévert, que en “Cet amour” resume la labor apasionada del creador: aquel amor que hace palidecer, que acecha, porque lo acechábamos nosotros. En este, como en los de Insomnia, el poema rompe la coherencia del lenguaje por momentos, en la plenitud de su ira, su delirio, en el retrato de su agotamiento…  

Por contraste, el verso libre de “miss rossie” (las minúsculas son de rigor), un poema de Lucille Clifton que ha sido traducido por Lucía Cornejo, puede parecer sencillo, pero su retrato de la dignidad del marginado (o marginada, mejor dicho), hecho con sumo afecto, es tan honesto como los demás, aunque mostrando una emoción más contenida. Clifton acata aquel imperativo que hace del amor, aun cuando sea un amor por el derrumbe, la mejor seña de vida. Y todo, cuando el adormecimiento de las raíces y el imán de las pantallas nos relegan al silencio, a la satisfacción mediocre …

No hablamos aquí de otros imperativos que el escrito alguna vez en El tigre en la casa, de Lizalde, pues resume la conciencia que otras grandes voces legan a cualquier edad, a cualquier época, en un tiempo esteril: el amor debe vencer, y vence hasta la muerte, “porque es la muerte él mismo”. Más valdrá asumirlo con disposición creadora, pluma en mano, si queremos preservar el pulso verdadero en un momento como el que cruzamos actualmente.


[1] Para darnos una idea, el gobierno japonés únicamente reconoce un muerto por el accidente.


miss rosie – Lucille Clifton

Este amor – Jacques Prévert

Cifras – Sion Sono

En el abrevadero de las creencias – Stéphane Chaumet

En terciopelo blanco – Stéphane Chaumet

Coma del cielo caen escombros – Stéphane Chaumet

Leche el color de tus sueños – Stéphane Chaumet

La brutalidad se hincha – Stéphane Chaumet

Todas esas manos – Stéphane Chaumet