Miguel Ángel Ramírez Zaragoza

“Voy por cigarros, le dijo, se puso el sobrero y jamás regresó”
Rodrigo González
De verdad que era una de esas soledades que le pesan más al mundo. Ver aquellos huesos queriendo salir de su piel, su rostro pálido y demacrado, causaba una profunda consideración, tan lastimante como lastimera. Había pasado treinta años recluida en el sillón a orillas del jardín, y apenas cruzó tres palabras con los demás —palabras que siempre iban seguidas de lamentaciones—.
Sólo la imagen de Damián, que era de sobra lacerante, la mantenía viva. Un dejo de esperanza, destellando, se reflejaba en su iris cuando aparecía algún hombre a la distancia y parecía que, ahora sí, podría volver a verlo.
Algo a medio paso entre el dolor y la ternura la llevó a olvidar la verdadera causa de esa ausencia, acontecida sin aviso. Por bien de su mal, quiso ignorar el acto cruel, la saña tan cobarde de quien lo raptó, pues nunca toleró ni rebeldías ni disidencias. Ensimismada, taciturna, cada que podía se preguntaba si, más bien, Damián la había dejado de querer, si no había perdonado su insistencia para que dejara lo que hacía, o si lo había afectado tanto su última pelea.
—No creo… no, no lo creo. Me amaba como yo a él. Naciendo nuestro hijo, se retiraría de la política. Ya no militaría por nuestro amor, nuestra familia…
Pero ni siquiera terminaba el soliloquio, porque le invadía la temblorina en medio de las lágrimas.
—Mañana viajo a Tlapa, Guerrero, con unos camaradas —le había dicho él aquella vez. —Es una operación muy importante, tendremos contacto con la célula Flores Magón a las nueve. Espero estar de regreso el viernes, antes de nuestro aniversario. Para cuando Damiancito nazca, todo será felicidad.
Esa sonrisa limpia, ese amoroso abrazo, eran espinas en los ojos para Carmen, y lo que salía de estos quemaba sus mejillas, le dejaba hilos de sal que constataban un vacío, un planeta ya sin vida desde el que ella recordaba días mejores.
Esa tarde veraniega del 73, Damián salió de casa, en pleno centro histórico, a comprar cigarros. Dos sujetos corpulentos descendieron de un Chevrolet Chevelle Malibú y lo subieron por la fuerza. Sólo un gris sombrero quedó en el suelo sin poder gritar para pedir auxilio. No se supo más de él.
Una mañana, no aguantando más la larga espera y desafiando lo evidente, negado por ella hasta entonces, Carmen decidió unirse a la Asociación de Familiares de Desaparecidos Políticos. Los casi siete meses de embarazo no le impidieron una participación tenaz y decidida en ese grupo para demandar, si no la presentación con vida de su esposo y muchos otros, al menos alguna respuesta del Ogro al que se enfrentaban. Su complexión delgada no permitía a primera vista darse cuenta de su avanzado estado de gestación; era su rabia y su coraje lo que sí podía observarse.
Lo inevitable ocurrió. Al volverse activista —algo que tantas veces reprochó a Damián—, no le quedaba otra salida que seguir sus pasos. Y en un momento donde el Ogro no consentía que alguien le cuestionará, el fin era perfectamente esperable: la conciencia y la solidaridad se pagaban caro. Carmen recibió su visita indeseada una noche. Tres sujetos con gafas oscuras y chamarras de cuero negro entraron a su domicilio. De inmediato, la golpearon increpándola por sus actividades.
—Creíamos que sólo era él, pero ya vimos que estábamos equivocados. Nos la hubiéramos llevado cuando venimos la otra vez y nos habríamos ahorrado el viaje.
Ella no contestó, sabía a qué venían y pensó que lo harían rápido.
—Por lo visto, quieres seguir sus pasos… O le bajas o lo vas a conseguir. Dale gracias al cielo que no eres tan peligrosa como él; si no, te llevaríamos o te mataríamos aquí mismo —sentenció otro sujeto jalándola bruscamente de los cabellos. —Por ahora, basta con una calentadita.
Y al mismo tiempo, Carmen recibía del más fornido un puñetazo en el rostro.
—¡No! ¡No! ¡Por favor no me peguen! ¡Se los ruego! No lo hagan por mí, háganlo por mi hijo, él no tiene la culpa.
Carmen suplicaba con voz cortante mientras se tomaba fuertemente el vientre. Entonces, el más delgado y alto de los agentes —a la vista, el jefe— ordenó al grandulón detenerse, pero se dirigió a Carmen con sobrada calma.
—¿Qué estás diciendo, mujer? ¿Que ese perro comunista pretendía dejar a alguien que heredara su fanatismo, que causara el mismo daño que él causó? Estás un poco pendejita —rio y, sin detenerse, propinó una bestial patada en su vientre, dejándola inconsciente.
—Nosotros tenemos que ser más radicales que ellos —dijo el jefe dirigiéndose, ufano, sin perder la calma, a sus secuaces–. Este mal se ataca de raíz, la semilla de la rebelión no debe germinar.
Así, los emisarios de la autoridad salieron orgullosos de haber cumplido con su deber.
Muerta en vida, ya sin su hijo, ella sobrevivió con más pesar que luz, y varias veces intentó matarse, pero siempre le faltó valor; ese valor que le sobró a Damián en su momento y que lo había llevado férreamente a la conquista de un ideal, a pretender una revolución.
Ahora ella vive nada más del aire y aferrada a la inconciencia, viendo y conviviendo con fantasmas, ya no importa si de horror o amor, con dedos pálidos por “cigarrillos y excesos de ron”. Su locura es más razonable que ninguna, justificada de manera inaudita, “con la mirada ya flaca” y la sospecha de que todo pudo ser tan diferente; con la rabia de su respirar y con la muerte a un lado.
Hoy sólo el reflejo fugaz del ayer la sostiene: cruzan por su mente aconteceres sin sabor, mentiras, azares, angustias y no grita más, pues sus berridos salen de su boca y de inmediato se extravían en el olvido de transeúntes, entre soledades y penares, cuando “cruzan su mente solares, solares baldíos de amor…”.

Miguel Ángel Ramírez Zaragoza (México). Doctor en Sociología por la Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco. Actualmente es investigador del Programa Universitario de Estudios sobre Democracia Justicia y Sociedad (PUEDJS) de la Universidad Nacional Autónoma de México. Entre sus publicaciones se destaca Las luchas del CNTE: debates analíticos sobre su relevancia histórica (PUEDJS, UNAM, 2020), así como su participación como coautor en investigaciones como Las derechas en México. Debates analíticos y estudios de caso (PUEDJS, UNAM, 2023) y La CNTE y el magisterio democrático en México: Historia de una larga lucha (PUEDJS, UNAM, 2021), por mencionar algunos títulos.