La cueva. Una pequeña fábula


Israel Jurado Zapata

Huecograbado: Edith García García

La cueva. Una pequeña fábula[1]

Cuando el primer hombre y la primera mujer —in achto tlacatl yhuan in achto cihuatl— aparecieron sobre la faz de la tierra, no soñaban. Dormían, pero no soñaban. Carecían de la parte de la mente que vive en la oscuridad, en lo más profundo de la psique, pero que igualmente guía nuestra conducta. Entonces, el ipalnemohuani, el Tloque Nahuaque o fenómeno de la vida, les dijo que, para complementar su inteligencia despertando aquella parte de su mente, tendrían que entrar a la cueva Tlanemilostotl, del Tlanemiltepetl —cerro de la inteligencia—, para hallarle en su parte más extrema.

El ipalnemohuani encomendó a Yayauhqui-Tezcatlipoca guiar al primer hombre y a la primera mujer dentro de la cueva como amoroso ayo, padre y madre —tahtli ihuan nantli—, y maestro —tlamatini— del pensamiento profundo.

Entonces, cuando recién entraban a la cueva, atravesando los campos de xochipalli ihuan zacatlaxcalli, comenzaron a escuchar el aullido de un lobo —in cuetlachtli—, que pretendía atraerlos hacia él para devorarlos. Pero Yayauhqui-Tezcatlipoca ordenó al primer hombre y a la primera mujer, que querían claudicar por el miedo, despojarse de las pieles de venado que portaban para arrojarlas, ya sobre la grana cenicienta, y que la bestia saciara con ellas su apetito.

Introduciéndose aún más en la cueva, la luz —cahuili— era cada vez más tenue, impidiendo al primer hombre y la primera mujer ver por dónde andaban. Así, se acercaron sin darse cuenta a una serpiente cascabel —in cueich-coatl—, que los esperaba silenciosa para morderlos. Ni siquiera sonaba su cola. Pronto, hombre y mujer empezaron a preguntarse, y después a Yayauhqui-Tezcatlipoca, qué hacían ahí, si había sentido alguno para proseguir la búsqueda, y si en realidad encontrarían algo al final. Él pudo percibir en toda esa retahíla la presencia del veneno de serpiente. La sintió escondida entre el añil —in xiuhqilipitzahuac—, y ordenó al primer hombre y a la primera mujer hablar con tono de voz fuerte, gritar y golpear algunas rocas en el suelo para turbar e intimidar a la cueich-coatl. Tras ello, la obligaron a sonar su cascabel y delatar su escondite, con lo que ya pudieron pudieron evitarla y el avance dentro de la cueva continuó.

Al llegar a la parte más honda de la caverna, donde la luz ya no podía penetrar ni tampoco el sonido, los viajantes tuvieron una sensación de inquietud. Y es que, al sentir la llegada de los humanos, se despertó el gran alacrán —in huey culutl—, quien dormía sobre la piedra blanca —chimaltizcatl—. Aprovechando la oscuridad total, el animal los esperaba, silencioso, para aguijonearlos, pues nunca había comido y esta era su primera oportunidad para ello.

El primer hombre y la primera mujer tuvieron miedo de seguir, mas sin saber bien por qué. Pensaron que era mejor explorar otras sendas; no ir más al fondo, sino a las paredes de la gruta, y mirarlas hasta hartarse. Sin embargo, Yayauhqui-Tezcatlipoca percibió en ello el peligro. Se dio cuenta de la cercanía del huey culutl,por lo que, con gran dolor, se arrancó un pie y lo arrojó al alacrán, quien comió de él y no picó a sus acompañantes.

Entonces, en esa, la parte más negra de la cueva, Yayauhqui-Tezcatlipoca sacó un espejo de obsidiana —in tezcatl—, el cual humeaba. Era el espejo que portaba sobre la cabeza —ipan tzontecomatl— y lo mostró al primer hombre y a la primera mujer para que se encontraran en él, para que se vieran en su propio reflejo.

Tras el acto, despertaron la conciencia subyacente que serviría para complementar su visión, su inteligencia. Por su parte, Yayauhqui-Tezcatlipoca quedó sin uno de sus pies y, desde entonces, fue representado de esa forma en las pinturas y los papeles códices —amaxiuhpohualli, ihual tonalpohualli, ihuan xiuhtlacuilolli, ihuan cexiuhtlacuilolli, ihuan cecemilhuitlacuilolli, ihuan cemilhuitonalpohualli— de nuestros antepasados.


[1] Para que el lector tenga un contexto adecuado, le recordamos que uno de los atributos o significados que Tezcatlipoca tenía para los antiguos mexicanos estaba relacionado con lo que hoy conocemos como “subconsciente”.

Israel Jurado Zapata (Mexico) Es licenciado en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, con tesis sobre la educación intercultural bilingüe en México, también es profesor e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y posdoctorante en antropología política en el Programa Universitario de Estudios sobre Democracia, Justicia y Sociedad (PUEDJS-UNAM). Cuenta con DOCTORADO EN HISTORIA Y ETNOHISTORIAEscuela Nacional de Antropología e Historia, Periodo de estudios: 2014-2018, Chichimeca Sermonis. La figura del “bárbaro” en la construcción simbólico-jurídica de las historias de migración y toma de posesión de la tierra a través del Códice Xólotl y la Historia de la nación chichimeca.