Poesía inédita

El poeta es un migrante. No sólo porque busca. Migra de memoria, mirada, lenguaje; en su tránsito por los campos que recorre, siembra, cultiva, cosecha. La sensibilidad de Margarito es la de quien sabe los ciclos del cultivo, la hora exacta para poner en tierra la semilla, el calendario lunar con el cual habrá de otorgarnos el fruto de su siembra. El paso del campo a la ciudad ejerce en el poeta de bastión desde el cuál aferrarse a las adversidades de la sensibilidad misma.

Bajo otro cielo el agua resbala por su piel / y el mismo sol que la acaricia / nos incendia”. Elegantes y rápidos nos resultan estos versos. La poesía de Margarito Cuéllar se revuelve dentro de los parajes más insólitos que se hayan dentro de nosotros mismos. Y, a la vez, su mística nos recuerda las imágenes más bellas del imperio persa y de la España de inicios del siglo XX. Nos devela un mundo que no ha dejado de ser el mismo. Las diferentes edades del hombre ante un cielo que sigue siendo azul. En cada línea, en cada poema, logramos observar el renacimiento de los mitos ante la brutal ceguera de esta realidad rampante del presente. Pareciera que un mundo veraz emerge desde sus tinieblas, desde su caverna, donde la musicalidad de cada poema se convierte en el único lenguaje posible.

No podemos concluir que la vasta obra poética de Margarito Cuéllar contiene sólo esta tesitura. Sería aventurado siquiera intentar sumergirlo dentro de alguna corriente específica: su estética circunda por diversos parajes a los que sería injusto poner un calificativo. No obstante, advertimos una constante, una intencionalidad; nos referimos al vivir poético, al quehacer literario, como una herramienta para desnudar o descubrir nuevas formas de acercarnos al mundo, a eso que se encuentra frente a nosotros como esperándonos y a veces acechándonos. Las inéditas Gacelas de Cuéllar son uno de sus vestigios.

Gacelas de Yunan (Poemas Inéditos)