Rorcual (Poemas)

Miguel Sanz

Arte: Jessica Guadalupe

Rorcual

El tamaño del Rorcual es lo de menos.
Poco importa si su peso
es de cien o ciento cincuenta toneladas
o si es capaz de partir en dos un barco
con un azote de su cola.
Poco importa si su sonrisa de cepillo
es la más grande y sincera de la Tierra,
si carga un géiser sobre su espalda
o si es una fuente de agua
bendita por su alma.
Poco importa si respeta a sus congéneres,
si es inofensivo
o si su ego es más pequeño
que sus ojos de Caracol.
El Rorcual siempre será
el Elefante del mar,
el monarca sin trono.
Porque el rey es el antropófago,
aquel que ostenta el espolón sobre sus lomos,
la cimitarra asesina de cristianos,
el que sonríe con sarcasmo
y muestra los serruchos entre las encías,
el Tiburón y su olfato de Vampiro.


Poema para ser escrito en el espejo

Ni Homero ni Dante,
ni Catulo o Safo,
ni Li Po, Tu Fu o Wang Wei,
ni Basho ni Kobayashi,
ni Góngora ni Quevedo,
ni Goethe o Blake,
ni Whitman,
ni Raimbaud,
ni Baudelaire,
ni Huidobro o Paz,
ni Lorca, ni Vallejo.
Lo sé cuando camino por la acera
y resbalo por la lluvia o el hielo,
cuando caigo bocarriba
y todas las miradas se fijan sobre mí;
lo sé cuando limpio las vitrinas,
cuando sirvo una copa,
cuando llevo la bandeja
y escucho el chasquido de los dedos,
los siseos, las llamadas;
lo sé cuando me miran con desprecio, con burla
o con encono;
cuando tomo la libreta
y apunto cada una de las órdenes
y “sí señor, ahora mismo, desde luego”;
lo sé cuando quiebro la vajilla,
cuando friego los platos,
cuando me corto los dedos
con los bordes de las cajas de cartón;
lo sé cuando doblo la espalda para barrer el suelo,
para recoger una por una las colillas,
las servilletas, las gomas, los caramelos;
lo sé cuando vuelvo a casa de madrugada
y camino liberado por los parques desiertos,
cuando caigo sobre la cama
como un árbol recién talado
y sueño con cubiertos, con vasos,
con familia;
lo sé cuando despierto
y en medio del sopor también lo olvido;
lo sé cuando estoy una vez más frente al espejo
y veo mi rostro casi familiar
pero más bien desconocido;
lo sé cuando tomo
como la primera vez
mi lapicero
y escribo los primeros versos
sobre mi cuaderno:

Yo soy el mejor poeta del mundo,
solo es el mundo el que aún lo ignora.


Biblioteca

Cementerio de elefantes
con capilla ardiente.


Belleza

Incesante desplazamiento de los continentes
para esculpir el paso del tiempo
en tu rostro.


Crisis

Universo que se sostiene
sobre una mota de polvo.


Depresión

Invierno.


Genética

Religión que profesa la fe
en la reencarnación.


Memoria

Ancla.

Miguel Sanz (Perú, 1979) Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y perteneció al grupo de creación y publicación literaria “Sociedad Elefante”. Ha publicado los poemarios La Voz de la Manada (Sociedad Elefante Editores, 2002), Quién las Hojas (Lustra Editores, 2007), Paciente 164 (Lustra Editores, 2009), y Diccionario Elemental (Paracaídas Editores, 2017), entre otros. Desde el año 2004 radica en Pamplona, España.