La llegada

Pedro Serrano

Del libro inédito “Lo que falta ala nieve

Arte: Aurora Quiterio

Con la caída del sol la nieve salta, cuenta hasta tres,
cuenta hasta dos, marca espaciosa su territorio,
enarbolada viaja y enardece 
aquello a lo que toca. Quiebra 
la estructura aérea del desfiladero, 
avanza entre pezuñas, grietas, desfallece, ocupa 
el pardo musgo que la espera.

*

Se extiende la nieve en una cortina sólida,
se acumula, llena los huecos, calla, en rabia nos deja, ojo por ojo.
Pinta, ¿por qué no? ¿si no qué, si no?, de rojo lo que no va, 
gorriones, por ejemplo.

*

Aguanta y acurruca a la urraca, eso sí,
azulina curva, brilla en su vuelo, tornasolada, la grulla, también, corva,
grilletes en su grito afónico de abandono, 
solapada corneja calva adentro del invierno,
de la nieve, husmeando,
solapada y sola.

*

¿Es la nieve una misma extensión acumulada en todos lados
como una mancha o una manda?, pinta 
en blanco hacia arriba, viendo al cielo, 
¿cuál alma muda?, ¿no?, 
de mala cauda, punta en blanco hacia arriba, 
remota, insuficiente, faldurienta.

*

Como una red topográfica se levanta hacia el cielo aquí, 
de gas estupefacto, 
blanquecina, ceniza.
Pende en sí misma como Alicia en el pozo, 
de puntitas viendo un precipicio de organdí,
vaporosa de nubes, pellizcando
faldas y cañoneras por donde alce 
majestuosa la rendición, picadura de hielo.
Como si se despeñara al alzarse.

*

Machurrienta a veces, incipiente, pizpireta, 
alta y esmerilada en su acomodo,
geométrica en la altura, sutil, 
violenta y rígida y feliz.
Y una vez que llega como si te arropara, 
como si te huyera, 
detenida en el agua blanca.

*

Como un cuchillo fino el filo corta, limpia, 
anda enamorado y silencioso, azul de nuevo.
Hacia abajo, 
como si fuera a su corazón, 
la nieve guarda. 
¿Qué guarda en ese estuche límpido, puro cristal naciente?
¿por qué hunde la nieve tanto azul?
Azulina la nieve grita, entinta, aguarda.

*

Abierta a tajo para que corra en río, monumental y explícita, 
brilla hacia arriba en paz la negra estirpe 
del mirlo, su aliento, su lento 
braceo a ras de suelo.

*

En la planicie en polvo el viento brilla,
pasa rasando precipicios y olas,
Arrastra marino lo que al mar no le toca.
Una osteoporosis mineral es lo que ejecuta
y alcanza el gris, el suelo peñaloso y sediento.
De allí se eleva como una espuma embocada,
malatesta. De allí se eleva.

*

Como cae el águila blanca de la altura 
desprendida de su propia arenisca, la nieve vuela, 
depositaría de la luz y las piruetas, 
de los colores de las hojas.

*

Ermitaña,
cómo se agacha cuando se esconde,
para escandirse.

Pedro Serrano (Montreal, Canadá, 1957). Poeta. Estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, la maestría en Filosofía por la Universidad de Londres y el doctorado en Letras en la UNAM. Ha sido becario diversas instituciones y programas, entre los que se cuentan el Instituto de Cooperación Iberoamericana, en 1982, el British Council, en 1987 y la Fundación Guggenheim, en 2007. Fue fundador de las revistas Cartapacios y Fractal, así como editor de la colección Material de Lectura: Serie Poesía Moderna, y de la revista México en el Arte. Ha sido colaborador en Létrangère (Bélgica), la Gaceta del FCE, La Jornada Semanal, Letras Libres, Ovaciones y Vuelta. De sus obras se destacan El miedo (El Tucán de Virginia, 1986), Ignorancia (Ediciones del Equilibrista, 1994), Turba (Ediciones Sin Nombre, 2006) y Nueces (Trilce, 2009) En el 2007 grabó un CD con poemas de su autoría (Candaya, Barcelona, 2007).