Bálsamo de Absenta

Mariana Viveros

Arte: Sadami Esau

Miércoles 12 de octubre

Dentro de dos días tendré mi primera cita con Leather (así le puse… mi vampiro en chaqueta de cuero). Todavía no puedo creer que alguien respondiera al anuncio, y precisamente él. Si supiera que aquella tarde hice esos bálsamos de absenta por puro aburrimiento, para no recurrir a la clásica llamada telefónica a mi madre o a alguna de mis amigas (si ellas supieran que ya me resultan insoportables), no tanto por ser una dedicada bruja de caldero. ¡Mezclé tanto ajenjo con aceite de oliva y cera de abeja! La olla se chorreó y esa oleosa marea inundó la cocina. Salieron más de veinte potes, qué iba a hacer si no venderlos. Vale, divago, estaba en la cita, y es que, he ahí mi asombro: Leather respondió a “Bálsamo de absenta: besos intoxicantes” cinco minutos después de haberlo publicado. En su pequeña foto de perfil apenas se distinguían las facciones, pero inmediatamente adiviné por ese gesto del cigarro en los labios que sería un completo hijo de puta. Aun así, di entrada a sus insinuaciones vampíricas, y no me arrepiento. Desde entonces he soñado con él.

Su aliento está un poco más cerca de mi cuello.

Jueves 13 de octubre

Hoy amaneció más otoño que nunca. Quise aprovechar cada minuto del día con su cielo plomizo, por eso me levanté a las 7:00 am para llevar a Olaf de paseo. Quién diría que ese cachorrillo escuálido y callejero crecería hasta convertirse en un descomunal gran danés arlequín. Fue un reto hacerle caminar por la acera (las señoras con carrito de la compra lo asustan tremendamente). Recorrimos el barrio. Revolvimos montones de hojas; Olaf chapoteó en cada charco, después, fuimos al mercado a por víveres. Es alucinante el naranja intenso de las calabazas, una más de mis obsesiones otoñales.

A la vuelta me encontré con Amid (a quien casi hago mi amante hace año y medio de no ser por el Ramadán). Hablamos poco, iba de prisa a abrir su tienda. Llevaba tres preciosos bolsos de cuero recién traídos de Marrakech (me obsequió uno color guinda, el más bonito). “Hay más regalo adentro”, dijo guiñando uno de sus enormes ojos obsidiana. Nos despedimos rápidamente mientras le lanzaba un beso. Cuando llegué a casa y me eché en el sofá para estudiar mi bolso nuevo encontré el otro regalo: un porro delgadito que encendí entre risas. Hachís puro. Qué cabrón el Amid, sabe lo que me gusta.

En medio del colocón recordé la cita con Leather. Mis pulsaciones aumentaron y en vez de tener un trip divertido quedé atorada en tremendo loop de paranoia. Me sudaron manos, pies, axilas, sólo de imaginar estar frente a él y sus ojos gris-cielo de otoño. Euforia total.

Un rato después, Olaf se acurrucó junto a mí. Las orejas le olían a romero.

Sábado 14 de octubre

He sobrevivido al encuentro con Leather, que en realidad se llama Pep y es de Barcelona. Quedamos en un café del centro, el que está junto a Correos. Es un lugar gris, de esos donde la gente no se queda más que los 5 minutos que lleva tomarse un americano y fumarse un cigarrillo. Ahí estaba él, esperando, golpeteando el paquete de Marlboro contra la palma de su mano. Intenté ser sutil, un poco femme fatale al acercarme, pero los nervios no me dejaron y empujé una silla con el codo, qué risa.

Tú debes ser la bruja de la absenta.

Me reí nuevamente. Así que, bruja de la absenta, ¿no? Y sí, llevaba puesto el bálsamo labial.

Platicamos de tantas cosas. Flipé cuando reveló su verdadero nombre. No tiene cara de Pep, para mí seguirá siendo Leather o Luther Blissett o cualquier nombre de hombre cínico, da igual. Me contó sobre su familia dispersa por toda Europa, sobre su vieja afición a los juegos sadomasoquistas y de su último viaje a Edimburgo.        

Te pareces un poco a Aleister Crowley, ¿te lo han dicho?   
Las brujas siempre atraen a los chicos malos, ¿te lo han dicho?   
Me sonrojé. Él me miró con malicia, disfrutando ponerme en aprietos.     
¿Nos vamos?

En lugar de concluir la velada en su cama como lo había imaginado, caminamos hasta el parque y ahí, bajo los esqueletos de los árboles, descubrí que mi apuesto vampiro lleva una trenza de ajos atada al corazón desde su última y fracasada relación amorosa. Ya está. Creo que nos podremos ir al infierno en el mismo féretro.

Bela Lugosi’s dead.

Nota importante: el bálsamo de absenta sí que funciona. Revisaré la receta, quizá agregue algunas bayas para dar color. O un poco de sangre…

Martes 18 de octubre

Ayer fue día de psicoanálisis. Hablé sobre mi ‘cita con el vampiro’. Alex flipó cuando escuchó el relato. Levantó la ceja derecha toda la sesión y no sé si fue genuina preocupación por mi integridad o su ego de loquero moderno herido por haber ignorado del todo su consejo de no enrollarme con alguien aún.

Alex, estoy enamorada de un chico acojonado, alguien que, quizá, por enésima vez, no me corresponderá. ¿Por qué me pasa esto a mí? 
Yo no te lo puedo decir, lo podemos indagar juntos. Pero, a ver, dices que está acojonado… ¿no era un vampiro? Los vampiros no tienen tiempo para complejos, viven eternamente, imagina la que se liarían…                   
Éste sí.

Alex me dijo que, si para mí Leather es un vampiro, yo también tengo un tótem monstruoso: el Kraken, enorme, devorando barcos llenos de marineros. Todo me lo llevo sin chistar, no importa si es un cofre con perlas o un barril de desechos tóxicos, y cuando me voy, dejo un remolino de muerte detrás (el verdadero peligro para los barcos, según las leyendas noruegas).

Sálvame, por favor, no quiero ser kraken, quiero ser flor.     
Eso no lo puedo hacer yo. Ambos trabajaremos en tu transformación.

Me puso de plazo hasta el fin del otoño (“cuando todo muere”) para hacer algún avance, para cambiar en flor delicada el monstruo que llevo dentro y dar tregua a esos pobres marineros, entre los cuales está Leather.

Iría más seguro en el Titanic. Le compadezco de verdad.

Viernes 20 de octubre

Leather (¡me niego a llamarle Pep!) me pidió viajar con él apenas una semana después de conocernos y ni una noche de sexo, (sólo algunos besos, cine y largas caminatas nocturnas). Quiere hacer el tour de las brujas de Zugarramurdi con cueva del Aquelarre incluida y en Noche de Brujas. Es un freak, lo sé, pero no suena mal, vampiro y mujer-calamar-bruja de escapada romántica celebrando el Sabbat. No pude negarme. Nuestra primera parada será Logroño, sitio de juicios y ejecuciones a las supuestas brujas. Suena a broma, pero sé que Leather busca magia verdadera porque, quizá no es un vampiro, pero sí un brujo hecho y derecho. Tiene gnosis: lee a las personas y crea fiebre con la palabra.

Partiremos en tres días. La España oscura nos espera con su Macho Cabrío y sus viejas comadronas meneando el caldero. Ya veremos si esa magia telúrica rompe los conjuros que nos tienen cautivos.

Nota importante: no decir nada a Alex sobre el viaje.

Sábado 21 de octubre

Me encontré nuevamente con Amid, esta vez en la parada del autobús; el muy idiota ha pedido una segunda oportunidad para consumar aquella aventura pendiente. ¿Por qué será que los tíos huelen cuando estás saliendo con otro? Cambié el tema, sólo le di las gracias por el porro. Ahora es mi Kraken quien ayuna en su propio Ramadán (inch Allah).

Domingo 23 de octubre

Con mucha pena en el corazón, tuve que llevar a Olaf a casa de mi madre. Pobrecito mío, aulló tanto cuando nos despedimos, pero no había opción. ¿Mi madre? Súper feliz por cuidarlo, supongo que intuye el inminente final de nuestra estirpe en mí y lo ve como una especie de nieto-premio de consolación.

Por otro lado, ya está todo listo para el viaje al abismo con Leather. Me llamó para hacer juntos la check list del equipaje; cada vez me sorprende más con esas actitudes de boy scout, quisiera saber si sólo finge ser inofensivo para, más tarde, dar la mortal dentellada y convertirme en una ‘no muerta’. Pues nada, simplemente me dejaré caer como las condenadas a la horca de Zugarramurdi, a ver qué pasa. De cualquier manera creo que fui una de ellas.

Intriga.

Miércoles 26 de octubre

Escribo hasta ahora porque los días pasados han sido de flipar y te he olvidado un poco, querido diario. Por dónde comienzo…

Partimos el lunes a mediodía. Antes, Leather me esperaba en la entrada de la estación, mochila al hombro, fumando un cigarrillo. Debo confesar que ese encuentro fue más emocionante que la primera cita. Sonrió al verme bajar del taxi. ¡Oh, dioses, qué sonrisa!

No sentí las cinco horas de viaje, entre plática, siestas, risas, secreteos, comentarios sobre el itinerario. A las 3:00 paramos en Soria.

¿Sabías que Bécquer escribió Los ojos verdes inspirado en este lugar? Eres un poco como la ninfa del estanque.

Dos horas después llegábamos a nuestro destino, y aquí fue donde realmente empezó a ser un tour de brujas…

El hostal que conseguimos está a pocas cuadras del Centro Histórico. Típica fachada vieja con pesada puerta de madera y larga escalera hacia la pequeña recepción. Nos dieron la habitación 23: colchón duro, un buró, silla desvencijada…vamos, haciendo honor al Santo Oficio. Desde el primer momento repelimos el lugar. Apenas entramos, Leather olfateó el aire y frunció la nariz como si hubiera mierda alrededor. Yo sentí escalofríos.

Venga, querida bruja, a por vino para espabilar. Este lugar huele a muerto.

No tuvimos que caminar mucho para encontrar un bar con más o menos buena pinta. Pedimos Rioja y pintxos. En ese momento notamos que desde la barra alguien nos observaba: un hombre entrado en edad, calvo y gordo, apoyado el mentón sobre su mano… era el propietario. Cuando nuestras copas quedaron vacías se acercó a la mesa:

¿Puedo ofreceros algo más? Habéis venido a hacer turismo, me imagino. Alrededor de las 8:00 pm habrá un espectáculo sobre las brujas; es como si las volvieran a quemar en la plaza. A que mola bastante, ¿no? Seguro a la señorita le interesará verlo…

Leather golpeó suavemente mi pierna por debajo de la mesa en señal de alerta. Ese tipo era escalofriante, y por alguna razón estábamos seguros de que sus palabras no estaban huecas… Pagamos y abandonamos el lugar. Comprobamos que la invitación era real: en cada farola había carteles publicitando una grotesca recreación del Auto de Fe, torturas y hogueras incluidas (vale, me entendéis…) “Las brujas vuelven a Logroño”, ponía en letras rojas.

Ese tío quiere que te quemen en la hoguera, ha visto lo bruja que eres.

En otras noticias, mi Kraken lleva una buena rehabilitación: hemos pasado nuestra primera noche juntos en camas separadas y la verdad es que me viene estupendo.

Ayer fuimos nuevamente a caminar por el centro. Al pasar por una de las calles principales encontramos una tienda alucinante, llena de objetos brujeriles: libros sobre magia española antigua, velas, mazos de Tarot…. uno en especial llamó nuestra atención pues sólo venía con cuatro colores: morado, rojo, blanco y negro. Su estuche era sencillo, una bolsa aterciopelada, pero incluía un extrañísimo mantel para tirar las cartas cuyo contorno simula unas lápidas. La dependienta nos miró detrás de sus gafas, expectante.

¡Vamos a llevarlo! Que sea nuestro regalo de primer viaje romántico.

Acepté. Leather estaba muy entusiasmado. Mi brujo curioso.

Volvimos al hostal para inspeccionarlo y quizá hacer una lectura… Sin embargo, algo sobre ese Tarot no me termina de convencer… me lo confirma el ave que acaba de picotear la ventana.

Viernes 28 de octubre

Qué aterradoramente emocionantes han sido los últimos días en este condenado lugar. Como dije, sentía mis temores y resultaron ciertos: el Tarot que compramos está poseído.

Anoche, mientras Leather se duchaba para salir, yo lo esperaba leyendo folletos turísticos en la silla desvencijada, de pronto se sintió un fuerte olor a cigarrillo. Cuando voltee por reflejo hacia la ventana, me quedé de piedra al ver un sujeto echado sobre la cama. Su rostro no se distinguía pero daba la impresión de ser un anciano. El corazón me palpitó a mil por hora.

¡Pep!, chillé (sí, lo llamé Pep instintivamente). Salió rápidamente, secándose el pelo.  
Mira, tenemos compañía. 

Ahogó un grito entre las manos.

Tres segundos después, el espectro ya no estaba. Bueno, querida bruja, tú lo viste, yo lo vi, no estamos locos. Empaquemos y vámonos directo a Zugarramurdi aunque suene a disparate.

Venía incluido en el Tarot, ¿verdad?

Seguro. ¿Te diste cuenta cómo nos miraba la chica de la tienda? Estaba ansiosa por que nos lo lleváramos. La habitación tampoco ayuda mucho, atrae seres larvarios; estas paredes han presenciado mucha barbarie.

¿Qué haremos con él?

(Y así fue como el hombre gordo de la taberna se hizo de un nuevo amigo que lo esperaba en la papelera de la calle, programado para quedarse a su lado por un largo tiempo).

Cogimos maletas y partimos a la central de autobuses, donde aguardamos hasta las 5:00 am.

***

Conforme te acercas a la frontera con Francia el verdor se intensifica, enmarca perfectamente las historias antiguas, los mitos de sorgiñas, ayalgas, cuélebres custodiando tesoros o princesas lánguidas añorando la noche de San Juan para ser liberadas por algún valiente caballero.

A media mañana llegamos a nuestro destino. Dejamos atrás el romanticismo de los hostales y nos hospedamos en un hotel normalito, algo caro para lo poco que ofrece, pero mucho más a gusto.

Gabon eta ondo lo egin.[1]

Nota importante: responder los mensajes de Alex al regreso. Darle las buenas nuevas, con mesura

Martes 1 de noviembre

Felices días de Brujas y Muertos, querido diario. Puedo decir sin temor a equivocarme que este viaje ha sido la mejor decisión de mi vida (Alex estaría llorando).

Este lugar es alucinante, brilla de verdor, niebla y frío. Hay magia, no me cabe la menor duda, flota en el aire. Esas mujeres a las que con desprecio llamaron brujas despertaron dioses antiguos, comprendieron el lenguaje de los elementos y sin saber leer o escribir se convirtieron en las personas más sabias de la región. Esa fue su condena. Ellas siguen existiendo a través de sus sucesoras, sangre nueva que ha respondido al llamado siglo tras siglo.

Ese poder me trajo hasta aquí de la mano de un hombre fenomenal, mi vampiro-brujo-exmarinero. PEP (Gozo repitiendo su verdadero nombre).

«En el prado del Macho Cabrío», eso significa Aquelarre en euskera. El bus nos llevó hasta la pequeña carretera que pasa junto a la vereda en dirección a las cuevas, portentosos umbrales a otros mundos y supuesto escenario de aquellos rituales multitudinarios en que las viejas, desnudas e intoxicadas gracias al “ungüento de vuelo”, departían frenéticamente con el Gran Cabrón. Llevamos una botella de patxarán a modo de ofrenda, por eso desdeñamos cualquier visita guiada o recorrido en grupo.

Fuimos envueltos por olores minerales en cuanto pusimos un pie dentro y esta última acción rompió el silencio en muchos pasos repetidos a través del eco. Colocamos el patxarán en un vado, permitiendo que el agua helada lo recibiera mientras decíamos mentalmente nuestras plegarias. Trazamos el “pie de bruja” para cerrar el pequeño ritual y agradecimos.

Al salir se vino un tremendo aguacero.
Nos han escuchado, dijo Pep.

Quedamos inmóviles por un instante, viendo cómo el otoño se deshacía en hojas al viento, sintiendo las almas de los muertos llegar desde su morada distante.

Del fondo de mi corazón subieron unas lágrimas muy saladas que rodaron por mis mejillas. Pep sujetó mi mano….

Nota: nada de esto fue planeado, al menos no por mí, yo sólo quería divertirme y seguir el juego hasta que el bálsamo de absenta usado en la primera cita se acabara. Dejaré terminarse los otros 19, que se gasten beso a beso, a ojos cerrados para no mirar atrás y convertirme nuevamente en Kraken, y tal vez, entonces, me permita a mí misma navegar un mar en calma.


[1] Expresión vasca para desear buenas noches a alguien. N. del E.

Mariana Viveros (Xalapa, Veracruz, 1986). Estudió la carrera de Teatro en la Universidad Veracruzana, perfilándose en dramaturgia y gestión cultural. Actualmente se desempeña como correctora de estilo y redactora. Ha publicado poesía, artículo y relato breve en medios digitales e impresos de México, Cuba y Chile y España.